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ARIEL COLMENARES


AGOSTO 2011

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miércoles, 25 de mayo de 2011

Cómo el cuidado colectivo de los niños liberó a la mujer en la China maoísta


Li Onesto
Obrero Revolucionario #957, 17 de mayo, 1998
Cuando se reúne un grupo de mujeres para hablar sobre sus problemas, siempre se conversa de los quehaceres del hogar y del cuidado de los niños. La división de las tareas en la sociedad hace que casi siempre la mujer se encargue de cuidar a los niños. Y como saben perfectamente muchas mujeres trabajadoras, eso quiere decir que tienen ``DOS TRABAJOS'': después del trabajo asalariado tiene que atender a los niños y los quehaceres del hogar.

Esta división de las tareas en la sociedad oprime a la mujer. Mantiene a muchas mujeres aisladas en la casa haciendo tareas que entorpecen la mente y agotan el cuerpo. Limita cuánto pueden hacer en la vida y cuánto pueden contribuir a la lucha revolucionaria. La mujer que pasa una gran parte de su tiempo cuidando a sus hijos no puede contribuir plenamente a la sociedad. La mujer no se emancipará hasta que acabemos con esa opresiva división del trabajo.

El problema de ``quién se encarga de los hijos'' es un asunto muy importante entre hombres y mujeres. Muchas mujeres pasan toda la vida peleando con su compañero para que ayude con las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Esta es una lucha que se da por todo el mundo. A las mujeres pobres que consiguen un trabajo de sueldo mínimo, no les alcanza para pagar para que les cuiden sus hijos y por eso muchas tienen que dejarlos con su madre. Las mujeres de la clase media emplean criadas, que casi siempre son inmigrantes que trabajan por salarios bajos y sin beneficios. Y cada vez más oímos decir que la mujer, aunque haga un trabajo importante, ante todo ``tiene que ser mamá''.

Esta situación es insoportable. Esta opresiva división de tareas sociales entre el hombre y la mujer es un problema histórico a nivel mundial.

En la sociedad capitalista la vida de la familia es privatizada. Después del trabajo, millones de mujeres en millones de hogares hacen la misma rutina de siempre: compran, cocinan, limpian, lavan ropa y acuestan a los hijos. Se fatigan en trabajos que hacen solas, cuando muy bien podrían colectivizarse y hacerse de una manera socializada.

Es un desgaste de los recursos humanos. Para el proletariado internacional es un gran problema, porque mientras exista esa situación, la mitad de la humanidad no podrá contribuir plenamente al desarrollo de la sociedad. Por eso enarbolamos la consigna: ``Desencadenar la furia de la mujer como una fuerza poderosa para la revolución''.

Todo eso nos debe hacer reflexionar: ¿habrá otra manera de organizar la sociedad para resolver esos problemas?

¡Sí la hay! En la China revolucionaria, Mao Tsetung dirigió al pueblo en la construcción de un Ejército Rojo y en 1949 tomó el Poder y empezó la construcción de la nueva sociedad socialista por más de 25 años. Mao comprendió que la revolución debe liberar a la mujer de los quehaceres cotidianos y del cuidado de los niños. De no resolverse ese problema, la mitad de la sociedad no podría participar, plenamente y con igualdad, en la construcción de una nueva sociedad socialista, libre de toda opresión. Con ese punto de vista maoísta las masas populares de China encontraron una VERDADERA solución a los problemas del cuidado de los niños.

Hoy, la clase dominante de Estados Unidos dice que hay que ``recuperar los valores tradicionales de la familia''. Pero en la China revolucionaria las mujeres tuvieron que luchar CONTRA todos los ``valores tradicionales de la familia'' que las habían oprimido por miles de años.

Este relato de cómo se resolvieron en la China revolucionaria de Mao los problemas del cuidado de los niños es muy pertinente para quienes hoy están luchando para lograr cambios revolucionarios radicales. Demuestra que cuando el pueblo se deshace del sistema actual y conquista el Poder, puede resolver problemas que el capitalismo jamás podrá resolver. Y demuestra que solo la revolución maoísta puede liberar a la mujer.
*****
En la vieja China, la antigua filosofía de Confucio gobernaba todos los aspectos de la vida y la tradición era una de las principales formas de oprimir a la mujer. Se la consideraba inferior al hombre en todo. El único papel que tenía era servir a su esposo y darle muchos hijos.

Desde el comienzo, Mao declaró que la liberación de la mujer era una parte integral de la revolución. En las zonas liberadas por el Ejército Rojo antes de 1949, hubo mucha lucha contra las tradiciones feudales que oprimían a la mujer. Muchas mujeres del campo y de las ciudades se unieron a la revolución.

Cuando los comunistas tomaron el Poder a nivel nacional en 1949, la mujer recibió el derecho a ser dueña de la tierra igual que el hombre, asó como el derecho a trabajar y participar en el manejo de la sociedad. Pero por toda la sociedad existían ideas atrasadas. Así que la movilización de la mujer para que desempeñara un papel pleno y con igualdad en la construcción del socialismo no fue fácil y no ocurrió inmediatamente.

El Partido Comunista recalcó la importancia de que la mujer ``salga del hogar'' y participe en la vida económica y política de la comunidad. Pero hubo mucha resistencia a eso de parte de los hombres y de otros familiares, como las suegras que querían que las esposas de sus hijos se quedaran en casa y cuidaran a los hijos. Ese fue un problema inmediato que encaró la revolución.

En el campo, donde vive la mayoría de la población, así como en las ciudades, se establecieron asociaciones para la mujer que las ayudaban a luchar con los maridos, padres y suegras que querían conservar las opresivas relaciones familiares. Por ejemplo, si el esposo no dejaba trabajar a la mujer ni participar en reuniones políticas, la asociación organizaba una delegación para ir a hablar con él para que cambiara su manera de pensar. Si la mujer quería salir de noche a una reunión política, se le pedía al esposo que cuidara los hijos.

En la vieja China hubiera sido imposible conseguir que un esposo dejara ir a la mujer a una reunión política y que cuidara los hijos. Así que cuando los hombres se responsabilizaban de cuidarlos, daban un gran paso adelante. Pero no se podía resolver el problema general si se concebía únicamente como un problema individual de cada pareja. En vista del peso de la tradición, la mujer estaba destinada a cuidar los hijos la mayor parte del tiempo, si se seguía considerando un asunto privado de la familia.

Para resolver el problema de veras, tenía que participar la sociedad entera; había que socializar el cuidado de los niños, junto con los otros quehaceres del hogar que tenía que hacer cada familia individual. La socialización de las tareas del hogar fue una parte importante de la construcción de la nueva sociedad en la que todos trabajaban y vivían en mutua cooperación.

ABORDAR EL PROBLEMA DEL CUIDADO DE NIÑOS DE UNA MANERA COLECTIVA

A principios de los años 50 se estableció una red de centros para el cuidado de los niños en barrios y aldeas. Tenían cuartos para que las madres pudieran alimentar a sus recién nacidos durante las horas de trabajo y tenían guarderías para los menores de siete años que no habían empezado la escuela.

Las organizaciones de los barrios, las fábricas, las escuelas o las cooperativas campesinas se encargaban de organizar los centros de cuidado de niños y las guarderías. En las escuelas enseñaban a enfermeros y maestros a cuidar niños. En la mayoría de las ciudades, la Federación de Mujeres inició una serie de clases para enseñar el cuidado colectivo de los niños. Al principio no había suficientes centros para cuidar niños en el campo, o eran demasiado pequeños y no tenían mucha experiencia. Pero con el Gran Salto Adelante de 1958-59, la situación cambió en gran medida.

El Gran Salto Adelante fue un enorme movimiento popular que inició Mao. Fue un gran paso adelante en el desarrollo económico, especialmente en el campo, donde movilizaron a los campesinos para desarrollar la agricultura y pequeñas industrias locales. Cambió tradiciones y modos de pensar esclavizadores. La liberación de la mujer fue un tema central en esa campaña. Se establecieron granjas colectivas y enormes comunas que contaban con docenas de miles de campesinos. Con todo eso, la familia dejó de ser el centro de la vida y, a medida que la vida económica se socializaba, se fueron estableciendo las bases para socializar otras cosas, como el cuidado de los niños.

La socialización del cuidado de los niños fue algo nuevo para China, y el Partido Comunista tuvo que envolver a las masas de mujeres para establecer las guarderías y los jardines de infantes. De no haber sido así, no hubiera podido tomar en cuenta las necesidades y preocupaciones de las mujeres. A su vez, ellas no estarían muy dispuestas a dejar sus hijos en una institución que se había creado sin su participación. Además, no se hubiera movilizado a las masas de mujeres para luchar contra las ideas y costumbres atrasadas que había que atacar para "sacar del hogar" a la mujer.

Después de un poco de investigación en un barrio o aldea, los líderes del Partido Comunista reunían a las mujeres para platicar sobre sus problemas y preocupaciones. Juntos organizaban centros para cuidar los niños según las necesidades de la comunidad. Repartían tareas y decidían el método de pago. Después de establecer el centro, se reunían con frecuencia para resolver los problemas de los padres o del personal del instituto.

En una aldea tuvieron problemas consiguiendo trabajadores para la guardería; la mayoría de las mujeres preferían ir a trabajar en el campo con los hombres. Tanto las mujeres como los hombres menospreciaban la tarea de cuidar los niños, y las ancianas no eran capaces de cuidar solas todo un cuarto de traviesos niños y bebés. Esta aldea resolvió el problema enviando jóvenes solteras a aprender el cuidado colectivo de niños. Luego, con la ayuda de ancianas, se encargaban de pequeñas guarderías. Como parte de su trabajo, las ancianas contaban a los niños sobre el pasado, sobre la opresión del pueblo en la vieja sociedad.

La socialización del cuidado infantil liberó a millones de mujeres para participar en la construcción del socialismo. En 1952, la cantidad de guarderías en fábricas, minas, organizaciones estatales y escuelas era 22 veces mayor, en comparación con 1949. La situación mejoró durante la década de los 50 (y especialmente durante el Gran Salto Adelante) y también se socializaron otras tareas del hogar como cocinar, la costura y moler cereales. Para 1959 se calcula que en las zonas rurales había casi cinco millones de guarderías y jardines de infantes, más de 3,5 millones de comedores populares y gran cantidad de molinos de harina y costurerías.

En las ciudades las organizaciones de vecinos organizaron centros de servicios colectivos, entre los cuales había ``guarderías públicas'' y comedores populares. Algunos eran bastante grandes, a los que asistían centenares de familias; otros eran más sencillos y asistían docenas de familias. Los padres trabajadores recogían a sus hijos después del trabajo y los podían llevar a comer en los comedores populares o llevar la comida a la casa. En otras ciudades se establecieron servicios de ``comida a domicilio'' para los enfermos o para los que tenían que quedarse en la casa cuidando a niños enfermos.

En las fábricas, las guarderías tenían diferentes sistemas: de medio día, de día entero, de 24 horas y semanales. El horario dependía del horario de la fábrica. Estaban situadas lo más cerca posible al trabajo.

En la China socialista se prestó mucha atención al establecimiento de guarderías. Prueba de eso es lo rápido que se extendieron. Por ejemplo, en la ciudad capital de Pekín en 1959 había 1250 jardines de infantes y guarderías que cuidaban a 62.000 niños. ¡En 1960 había 18.000 guarderías y jardines de infantes que cuidaban a 600.000 niños!

Junto con la enorme expansión del cuidado colectivo de niños, también se establecieron en Pekín 12.000 comedores populares, más de 1200 servicios de reparaciones y 3700 centros de servicios, donde se podía dejar ropa para remendar o para lavar. También se abrieron centros donde se podía dejar a los hijos un rato mientras se hacían compras, se veía una película o se asistía a clases.

LA REVOLUCION CULTURAL ERRADICA MAS PROFUNDAS CADENAS TRADICIONALES

En 1966 Mao lanzó la Gran Revolución Cultural Proletaria, cuyo propósito era tumbar del poder a los líderes del Partido Comunista que querían regresar al capitalismo. A todo nivel social se movilizó a las masas para luchar sobre el destino de la sociedad: ¿seguir construyendo el socialismo y combatiendo las desigualdades y diferencias de clase, o regresar a la pesadilla capitalista donde la ley del más fuerte y el dinero lo deciden todo?

La Revolución Cultural atacó todas las antiguas tradiciones y costumbres de la sociedad de clases. La lucha contra la opresión de la mujer fue una parte importante de esta ``revolución dentro de la revolución''.

Los que querían el capitalismo, querían parar la revolución a medio camino; no querían desarmar la estructura familiar tradicional y promovían ideas atrasadas contra la mujer. Los altos funcionarios del partido que ``seguían el camino capitalista'', como Lin Piao, pupularizaban ideas confucianas, como el ``autodominio y retorno a los ritos'', o sea, la idea de que todos deben aceptar su ``puesto'' en la jerarquía social, así como la idea de que la mujer solo debe de preocuparse de la familia y los hijos. Lanzaron críticas contra las guarderías, diciendo que no se cuidaba bien a los niños y que antes de colectivizar el cuidado de los niños había que desarrollar la economía.

Esos altos funcionarios movilizaron sectores de la sociedad que promovían ideas atrasadas y tradicionales contra la mujer. Sabotearon el trabajo de socializar las tareas del hogar y el cuidado de los niños. Pero a pesar de ellos, se logró mucho en la colectivización de las tareas del hogar por toda China.

La socialización del trabajo del hogar y del cuidado de los niños en la China revolucionaria no fue pareja en las ciudades y el campo. En 1971, el 90% de las mujeres chinas trabajaban fuera del hogar pero la colectivización del cuidado de los niños estaba rezagada. En las ciudades, un 50% de los niños entre uno y tres años podía ir a una guardería, mientras que el otro 50% era cuidado en la casa, principalmente por los abuelos. En el campo, el porcentaje de niños en guarderías colectivas era menor.

La socialización del cuidado de los niños fue parte de la lucha de clases en China y un gran paso hacia la emancipación de la mujer. Las ``cosas nuevas socialistas'', como el cuidado colectivo de los niños, fueron el resultado de tremenda lucha ideológica y política. Además, cuando la mujer salió del hogar y se unió a la lucha para transformar la sociedad, desafió y rompió con miles de años de tradición. Bajo la dirección de Mao, millones de personas obraron conscientemente para eliminar todas las desigualdades y formas de opresión. Y las cosas nuevas socialistas que se forjaron por medio de esa lucha, como la colectivización del cuidado de los niños, fueron grandes logros y avances históricos.
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lunes, 4 de abril de 2011

LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA REPRESIÓN SEXUAL


(LA PRENSENTE ENTRADA ES UN ESCRITO DEL DR. REICH QUE DESENMASCARA LAS CONCEPCIONES REACCIONARIAS RESPECTO AL SEXO, CONCEPCIONES ALIMENTADAS POR LOS MISMOS REVISIONISTAS AL INTERIOR DEL MOVIMIENTO COMUNISTA DE TODOS LOS PAÍSES PARA SOCAVAR LA CONCIENCIA REVOLUCIONARIA DE LOS CAMARADAS HONESTOS. ES POR ESO QUE SE PIDE A QUIENES LEAN ESTA ENTRADA QUE LA DIFUNDAN MASIVAMENTE, SI ES POSIBLE TAMBIEN REALICEN UNA VERSION IMPRIMIDA)

A Lenin ya le había sorprendido el comportamiento irracional y singular de las masas antes de la sublevación o durante el desarrollo de ésta. Hace el siguiente relato de las sublevaciones de soldados en Rusia en 1905:

"El soldado estaba lleno de simpatía por la causa de los campesinos; a la sola mención del campo le brillaban los ojos. Más de una vez había pasado el poder en las tropas a manos de los soldados, pero esta situación no había sido explotada casi nunca; los soldados dudaban; algunas horas después de haber matado a un superior detestado, les concedían la libertad a los demás, entablaban negociaciones con las autoridades y luego se dejaban ejecutar y azotar, y aceptaban "el yugo de nuevo..."
(Lenin, Sobre la religión.)

Los místicos de todos los pelajes explicarán tal actitud por la naturaleza moral inmutable del hombre, que constituiría un obstáculo a la rebelión contra las instituciones divinas, la autoridad del Estado y sus representantes; los marxistas vulgares pasan al lado de tales fenómenos que no les interesan, sin prestarles atención y sin poder explicarlos, porque no son explicables por los solos argumentos económicos. La teoría freudiana se acerca más a la verdad cuando explica tal comportamiento por el sentimiento de culpabilidad adquirido durante la infancia, frente a todas las personas que representan al padre. Sólo que no nos dice nada sobre el origen y la función sociológica de un comportamiento como ese y no propone, por este motivo, solución práctica ninguna. Tampoco comprende sus relaciones con la represión y la deformación de la vida sexual de las masas.

Antes de abordar el análisis de los fenómenos irracionales de los que se ocupa la psicología de masas es indispensable echar una breve ojeada a los problemas suscitados por la economía sexual, de la que hemos tratado en detalle en otra parte.

La economía sexual es un sector de la investigación desgajado hace algunos años de la sociología de la vida sexual humana por la aplicación a este campo del funcionalismo y que, desde entonces, ha conseguido esclarecer una serie de hechos de un tipo nuevo. Su fundamento son las condiciones preliminares siguientes: Marx encontró la vida social dominada por las condiciones de la producción económica y los conflictos de clase que, en un punto determinado de la historia son su consecuencia. La servidumbre de la clase oprimida por los propietarios de los medios de producción social no se hace casi nunca por la fuerza bruta: su arma principal es su poder ideológico sobre los oprimidos, que sostiene eficazmente el aparato del Estado. Ya hemos subrayado que Marx veía en el hombre vivo y productor, con sus atributos psíquicos y físicos, la primera condición de la historia y la política. La estructura caracterológica del hombre que actúa, dicho de otro modo, del "factor subjetivo de la historia" en el sentido de Marx, no fue explorada porque Marx era sociólogo y no psicólogo y porque, en su tiempo, la psicología científica aún no existía. Aún no se ha dado respuesta alguna a la cuestión de saber por qué razón los hombres han soportado a lo largo de milenios la explotación y la humillación, en una palabra, el esclavismo; la investigación se limitaba al proceso económico de la sociedad y al mecanismo de la explotación económica.

Apenas cincuenta años más tarde, Freud descubrió, por un método particular, al que dio el nombre de psicoanálisis, el proceso que domina la vida del alma. Sus más importantes descubrimientos, que anularon y conmocionaron una gran cantidad de antiguos conceptos — lo cual le atrajo al principio el odio de la gente—, son los siguientes: La conciencia (psicológica) no es más que una pequeña parte del campo psíquico; es tributaria de los procesos psíquicos inconscientes que, por esta razón, escapan al control de la ciencia: todo acontecimiento psíquico —incluso aunque aparezca desprovisto de sentido, como el sueño, el acto fallido, los despropósitos de los psicóticos y de los alienados— tiene una función y un "sentido" perfectamente comprensible si se consigue insertarlo en la historia del desarrollo de la persona humana. Debido a este descubrimiento, la psicología que" hasta entonces había vegetado bajo la forma de una especie de física del cerebro ("mitología del cerebro"), o como la hipótesis de un espíritu objetivo misterioso, alcanzaba repentinamente un puesto entre las ciencias naturales.

El segundo gran descubrimiento de Freud era el de una sexualidad infantil muy activa, completamente independiente de la función de reproducción: la sexualidad y la reproducción, lo sexual y lo genital no son, pues, en absoluto, idénticos; la disección analítica de los procesos psíquicos ha puesto en evidencia, por otro lado, que la sexualidad o, más bien, la energía, la libido, que es de origen somático, es el motor central de la vida del alma. Las premisas biológicas y las condiciones sociales se van a encontrar en el terreno psíquico.

El tercer gran descubrimiento de Freud fue que la sexualidad infantil, de la que también forma parte lo esencial de las relaciones padre-hijo (complejo de Edipo), es generalmente reprimida porque el niño teme que sus padres le castiguen por actos y pensamientos sexuales (aquí se encuentra el sentido profundo de la "angustia de castración"); de este modo, la sexualidad queda apartada de la acción y borrada de la memoria. La represión de la sexualidad infantil la suprime de la conciencia sin por ello arrebatarle su energía; por el contrario, la refuerza y la influye de tal modo que se manifiesta en muchas turbaciones patológicas de la vida del alma. Como esta regla se aplica, sin excepción, a todos los hombres vivos, Freud podía decir que su paciente era la humanidad entera.

El cuarto descubrimiento importante en este contexto fue el de que las instancias morales en el hombre no tienen origen supraterrestre alguno, sino que son el resultado de las medidas pedagógicas que, desde la más tierna edad del niño toman los padres o sus representantes. En el centro de estas medidas pedagógicas se encuentran las que se dirigen a la represión sexual del niño. El conflicto que opone al principio los deseos de los niños a las prohibiciones de los padres se prolonga después en el conflicto interior de la persona entre los impulsos y la moral. Las instancias morales, que pertenecen al inconsciente, chocan en el adulto contra su conocimiento de las leyes de la sexualidad y de la vida psíquica inconsciente; favorecen la represión sexual ("resistencia sexual") y aplican la resistencia del mundo contra el descubrimiento de la sexualidad infantil.

Todos estos descubrimientos (y nos hemos limitado a citar los que tienen una incidencia directa sobre nuestro objeto) han asestado un golpe muy fuerte —a veces debido a su sola existencia— a la filosofía reaccionaria y muy especialmente a la metafísica religiosa, que se erige en defensora de los valores morales eternos, que afirma que el mundo está dominado por un espíritu objetivo y que niega la sexualidad infantil y pretende relegar la sexualidad a la función reproductora únicamente. Tales descubrimientos no pudieron desplegar todos sus efectos porque la sociología psicoanalítica que se edificara a partir de ellos les arrebató en gran medida lo que tenían de revolucionario y progresista. No es éste el lugar de demostrarlo. La sociología analítica intentó analizar la sociedad como si fuera un individuo, opuso de modo absoluto el proceso cultural a la satisfacción sexual, interpretó los impulsos destructores como datos biológicos originales que presidieran de modo ineluctable los destinos humanos, negó la existencia de una era matriarcal primitiva y desembocó, espantada de sus propias conclusiones, en un escepticismo paralizante. Desde hace mucho tiempo ha adoptado una actitud hostil frente a los que hacen este balance y sus representantes son consecuentes consigo mismos cuando luchan contra estas tentativas. Pero todo esto no cambia nada en el hecho de que nosotros estemos dispuestos a rechazar enérgicamente todo ataque contra los grandes descubrimientos de Freud, venga de donde venga.

Las investigaciones realizadas con ayuda de la sociología fundada sobre la economía sexual, la cual toma como punto de partida estos descubrimientos, no se limitan a ser una tentativa más de completar a Marx con Freud o a Freud con Marx, o de hacer una amalgama de los dos. Hace poco, hemos declarado cuál era la función precisa que asume el psicoanálisis en el edificio del materialismo histórico: puede ayudar a la comprensión de la estructura y de la dinámica de la ideología, pero no de su aspecto histórico. Sólo un político limitado podría reprocharle a la psicología analítica estructural no sacar rápido partido de sus hallazgos en forma de consejos prácticos. El hecho de que se encuentre afectada de algunas deformaciones debido al contagio con la filosofía conservadora, no debería ser motivo para que un politicastro la rechazara en bloque. Que haya comprendido la sexualidad infantil es un título de gloria científica y revolucionaria que ningún sociólogo auténtico le disputará.

Se sigue de ello que la ciencia de la sociología de la economía sexual, que descansa sobre los descubrimientos sociológicos de Marx y sobre los descubrimientos psicológicos de Freud, es una psicología de masas y una sociología sexual a la vez. Comienza allí donde, tras el rechazo de la filosofía de la cultura de Freud,* termina la problemática clínica y psicológica del psicoanálisis.

(•) Que, a pesar de su idealismo, contiene más verdades sobre la vida activa que todas las sociologías y muchas de las psicologías marxistas reunidas.

El psicoanálisis nos revela los efectos y los mecanismos de la represión y la inhibición sexuales así como los detalles de sus consecuencias patológicas. La sociología basada en la economía sexual va más allá: ¿por qué motivo de orden social está reprimida la sexualidad en la sociedad e inhibida en el individuo? es la pregunta que se plantea. La Iglesia responde: en interés de la salvación eterna; la filosofía moral mística: a causa de la naturaleza moral eterna del hombre; la filosofía cultural freudiana dice: en interés de la "cultura". Uno puede llegar a preguntarse con escepticismo en qué puede obstaculizar a la instalación de estaciones de gasolina o a la producción de aviones, la masturbación de los niños o las relaciones sexuales entre los adolescentes. Tenemos la impresión de que no es la actividad cultural la que está en peligro, sino la forma actual de esa actividad, cosa que estaríamos dispuestos a sacrificar gustosamente a ese precio, para poner fin a la inmensa angustia de los niños y de los adolescentes. De este modo queda claro que el problema no es cultural, sino de orden social. Si examinamos la historia de la represión sexual descubriremos que su nacimiento no coincide con el de la cultura, que no es una condición de la formación de la cultura, sino que ha aparecido relativamente tarde, tras la instauración del patriarcado autoritario y el nacimiento de las clases. En ese momento se comienza a poner al servicio de la minoría los intereses sexuales de todos; el matrimonio y la familia autoritaria le han dado a esta situación una nueva forma de organización. La sensibilidad del hombre se modifica con la restricción y la represión sexuales y, de este modo, aparece la religión que niega la sexualidad y que, poco a poco, instala su propia organización de política sexual: la Iglesia, con todos sus precursores, dedicada especialmente a la extirpación del placer sexual y de la escasa felicidad sobre la tierra. No es preciso añadir que esta evolución no carece de significación social si se la estudia bajo el punto de vista de la explotación, entonces floreciente, de la fuerza humana de trabajo.

Para comprender bien esta relación es importante hacerse una idea muy clara de la institución central social donde convergen las situaciones económica y socioeconómica de la sociedad patriarcal y autoritaria. Sin tomar en consideración- esta institución es imposible comprender la economía sexual y el proceso ideológico del patriarcado. El psicoanálisis de individuos de todos los países y de todas las capas sociales muestra que la conjunción de las estructuras socioeconómica y sexual de la sociedad así como su reproducción estructural se producen a lo largo de los cuatro o cinco primeros años de la vida por los cuidados de la familia autoritaria. A continuación, la Iglesia no hace otra cosa que perpetuar esta función. Al Estado autoritario le interesa por tanto sobre todo perpetuar la familia autoritaria: ella es la fábrica en la que se elaboran su estructura y su ideología.

Hemos encontrado, pues, la institución donde se opera la conjunción entre los intereses económicos y sexuales del Estado autoritario. Queda la cuestión de saber cómo se efectúa esta conjunción y cuál es su mecanismo. Aquí también el análisis de la estructura caracterológica típica del hombre reaccionario (comprendido el trabajador) nos proporciona la respuesta; pero tal respuesta no es patente más que al que está acostumbrado a investigar sobre el análisis caracterológico. La inhibición moral de la sexualidad natural del niño cuya última etapa es la limitación característica a la sexualidad genital hace del niño un ser angustiado, salvaje, sumiso, obediente, "amable" y "dócil" en el sentido autoritario de la palabra; de este modo, todo gesto vital y libre está cargado de una fuerte dosis de angustia, que paraliza las fuerzas rebeldes en el hombre y deteriora su potencia intelectual y su sentido crítico, imponiéndole la prohibición de pensar en las cosas sexuales. En una palabra, su fin es la creación del sujeto adaptado al orden autoritario, que lo acepta a despecho de todas las miserias y humillaciones. Para comenzar, el niño ha de plegarse al estado autoritario en miniatura que es la familia, cuyas estructuras tiene que aceptar a fin de poder integrarse más tarde en el marco del orden social general. La estructuración autoritaria del hombre se produce en primer lugar por la localización de inhibiciones y angustias sexuales en la materia viva de los impulsos sexuales; lo cual no debe olvidarse.



No nos resultará difícil comprender por qué la economía sexual considera a la familia como la célula de reproducción más importante del sistema social autoritario si nos paramos a considerar a título de ejemplo, el caso de la mujer conservadora, esposa de un trabajador medio. Tiene la misma hambre que la esposa partidaria de la libertad, padece de la misma forma bajo la situación económica, pero vota a los fascistas.

Si, además, por otro lado, examinamos la diferencia, en materia de ideología sexual, entre la mujer liberal y la reaccionaria media, nos daremos cuenta de la importancia primordial de la estructura sexual: la inhibición moral antisexual impide a la mujer conservadora tomar conciencia de su situación social y la liga con tanta fuerza a la Iglesia cuanto ella teme al "bolchevismo sexual". Desde el punto de vista teórico, las cosas se presentan de modo siguiente: el marxista vulgar, acostumbrado a los razonamientos mecanicistas supondrá que la toma de conciencia de la situación económica será tanto más decisiva, cuanto mayor sea la miseria sexual que se añada a la económica. Según esta hipótesis, los adolescentes y la masa de mujeres deberían estar más inclinados a la revolución que los hombres. Sin embargo, la verdad es lo contrario. El economista no sabe cómo explicar este fenómeno; es incapaz de comprender incluso por qué la mujer reaccionaria rehúsa escuchar su programa económico. La explicación es la siguiente: la represión de las necesidades materiales más groseras no produce el mismo efecto que la represión de las necesidades sexuales. La primera excita a la revolución; la segunda, dado que somete las exigencias sexuales a la inhibición, que las sustrae a la conciencia, que se ancla interiormente bajo la forma de defensa moral, impide la revolución contra las dos formas de la represión. Notemos que la inhibición de la revolución es también inconsciente. El hombre medio apolítico no experimenta ni los primeros atisbos.

El resultado es el conservadurismo, el miedo a la libertad, una mentalidad reaccionaria.

La inhibición sexual refuerza la reacción política no sólo por medio del proceso descrito más arriba haciendo pasivo y apolítico el individuo integrado en la masa, sino que crea en la estructura del hombre una fuerza secundaria, un interés artificial que sostienen por su parte el orden autoritario de modo activo. Puesto que la sexualidad, a la que el proceso de inhibición niega las satisfacciones naturales, se vuelve a toda clase de satisfacciones complementarias. De este modo la agresividad natural se transforma en sadismo brutal, sadismo que es una de las bases esenciales, desde el punto de vista de la psicología de masas, de las guerras que los intereses imperialistas organizan. Tomemos otro ejemplo: desde el punto de vista de la psicología de masas, el militarismo resulta eficaz porque pone en movimiento un mecanismo libidinal. El efecto sexual del uniforme, la excitación erótica de los desfiles debido a la perfección del movimiento rítmico, el carácter exhibicionista de la facha militar son más claramente accesibles a una criada o a una empleadilla que a nuestros políticos más eruditos. La reacción política, por su parte, se sirve a sabiendas de estos intereses sexuales. No solamente crea vistosos uniformes para los hombres, sino que, además, confía el reclutamiento a muchachas atractivas. Para terminar, citemos los carteles de las potencias militaristas cuya argumentación, más o menos, es la siguiente: “¡Si quieres conocer los países extranjeros, enrólate en la Marina Real. Los países extranjeros se representan por mujeres exóticas. ¿Por qué son tan eficaces estos carteles? Porque nuestra juventud, frustrada por la represión sexual, tiene hambre sexual.

Tanto la moral sexual que obstaculiza las aspiraciones a la libertad, como las potencias que hacen el juego a los intereses autoritarios, obtienen su energía de la sexualidad reprimida. Con ello tocamos uno de los resortes esenciales del proceso llamado “efecto de reacción de la ideología sobre la base económica”: la inhibición sexual crea modificaciones estructurales en el hombre oprimido económicamente, que le obligan a actuar, sentir y pensar en contra de sus intereses materiales.

La observación de Lenin encuentra así su confirmación y explicación en los descubrimientos de la psicología de masas. Los soldados de 1905 veían de modo inconsciente, en sus oficiales a sus padres del tiempo de su infancia, símbolos de la idea de Dios, que reprimían la sexualidad y a los que no se podía matar, incluso aunque le envenenaran a uno la vida. Su arrepentimiento y sus dudas una vez que habían tomado el poder eran la expresión del odio transformado en su contrario, la compasión; odio que, de este modo, no podía traducirse en actos.

El problema práctico de la psicología de masas es, pues la activación de la mayoría pasiva de la población, siempre dispuesta a volar en auxilio de la reacción política, así como la supresión de las inhibiciones que contrarrestan las génesis de la voluntad de libertad nacida de la situación socio-económica. Nada podía detener las energías psíquicas de una masa media que vibra ante el espectáculo de un partido de fútbol o de una ópera de pacotilla, si se consiguiera desencadenarla y canalizarla hacia los fines racionales del movimiento de liberación. Este es el punto de partida del siguiente estudio sobre la economía sexual.

(•) Que, a pesar de su idealismo, contiene más verdades sobre la vida activa que todas las sociologías y muchas de las psicologías marxistas reunidas.


Extracto del libro: La Psicología de Masas del Fascismo. Wilhelm Reich

martes, 11 de enero de 2011

Camarada Chiang Ching: Un fragmento del libro de Roxane Witke





Nota de redacción: Ariel Colmenares
La lucha por la emancipación de la mujer tiene en Chiang Ching a una gran líder revolucionaria. Ni las calumnias de la podrida camarilla reaccionaria que hoy explota y aniquila a miles de trabajadores y oprime a la mujer en China podrán destruir la obra de Chiang Ching y el ejemplo luminoso que esta gran mujer representa en nuestro pueblo, y las mujeres deben seguir su ejemplo y romper las cadenas de la tradición que las subyuga y las hace ver como sexo débil o inferiores al hombre como lo predica la biblia y toda la vieja cultura reaccionaria promovida por el viejo Estado burgués. A continuación, un fragmento del libro Comrade Chiang Ching, de Roxane Witke. Dicho fragmento apareció en http://www.forocomunista.com/t6563-camarada-chiang-ching pero con algunas fallas que he tenido la satisfacción de corregir. El libro mencionado es de suma importancia y necesariamente se le pediría a quien lo tenga que tipee el libro y por favor lo suba al internet para que se encuentre a disposición de las masas. Aquí el texto:


Camarada Chiang Ching
por Honecker el Dom Oct 24, 2010 9:18 pm
Estoy leyendo este libro, de la norteamericana Roxane Witke. Aqui os dejo un esbozo de la obra.


Erguidos, con las miras en el horizonte, firmes ante el aislamiento, calumnias, tortura y peligro de muerte, con desdén conquistador por los aullidos de bestias moribundas y los gemidos de traidores miserables; no es la arrogancia hinchada de los que miden sus ganancias según el sufrimiento de las masas y cuyo futuro es nulo, sino la confianza de una fuerza recién nacida y autoliberadora cuya poder son los miles de millones que comienzan a despertar".


Bob Avakian, Presidente del PCR
Sobre la heroica posición de
Chiang Ching y Chang Chun-chiao
Enero, 1981


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El 14 de mayo, los oprimidos del mundo perdieron a una gran líder. La noticia de la muerte de Chiang Ching entristeció e hizo sentir una profunda pérdida revolucionarios de todo el mundo a los que aprendieron de Mao y la Revolución Cultural. Pero los de arriba han callado el significado de la vida y muerte de Chiang Ching y muchos no saben sobre ella más que las mentiras y calumnias que ven en la prensa burguesa. Está claro que la clase dominante odia todo lo que representa Chiang Ching. Pero eso debe despertar la curiosidad de los oprimidos. El pueblo necesita saber sobre ella porque fue una de los líderes revolucionarios más grandes de nuestros tiempos. Y deja un legado y espíritu de rebelión a que debemos aspirar todos los que soñamos con un mundo libre de explotación y opresión.


Chiang Ching dedicó toda la vida a los del fondo de la sociedad: las masas oprimidas de obreros y campesinos que rompieron las cadenas de la tradición, que se atrevieron no solo a tomar el Poder en China sino a seguir revolucionando toda la sociedad, de arriba abajo.


Mao dijo: "Ser resuelto, no temer a ningún sacrificio y superar todas las dificultades para conquistar la victoria". Y esa fue exactamente la clase de vida que vivió Chiang Ching desde el momento que empezó a ser revolucionaria hasta el día que murió. Como mujer, luchaba contra el peso de la tradición y arrastró enormes obstáculos toda la vida. Fue un verdadero ejemplo de lo que significa "desencadenar la furia de la mujer como una fuerza poderosa para la revolución".


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Chiang Ching nació en la provincia oriental de Chantun en 1914 y se unió al Partido Comunista en 1933, a los 19 años. El partido la mandó a Shanghai, donde se hizo artista de cine y teatro, trabajó con la compañía de Trabajo y Estudio de Shanghai y enseñó en una escuela nocturna para trabajadores. Pero Chiang quería crear obras culturales que se relacionaran más con la lucha revolucionaria. Así que después de unos pocos años pidió que la mandaran a Yenán, la base de apoyo revolucionario establecida bajo la dirección de Mao Tsetung. Llegó a Yenán en 1937 para trabajar con la Unidad de Filmación de Documentales, y conoció a Mao. Durante 40 años serían íntimos camaradas, unidos por el odio al enemigo y el amor al pueblo.


A Mao le interesaban mucho el teatro, los conciertos, la poesía y el arte, y admiraba a las artistas y actrices emancipadas. Sabía que ellas tropezaban con las ideas tradicionales de que las actrices eran mujeres de "mala fama". Como ellas, él reconocía el importante papel del arte y la literatura para moldear la opinión pública. La línea de Mao era que el arte debía servir a la causa revolucionaria. Y fue en el contexto de su aspiración común de crear un arte al servicio del pueblo que Mao y Chiang Ching se conocieron y se enamoraron. El matrimonio hizo muy feliz a Mao y lo hizo entender mejor los problemas del arte y la literatura. Chiang Ching lo influenciaría en esa esfera toda la vida.


Los enemigos de Mao dentro del partido se opusieron a su casamiento. Pero Mao y Chiang estaban resueltos a casarse y el Buró Político del partido finalmente les dio permiso, pero con la ultrajante condición de que Chiang no asumiera ninguna posición en el partido ni participara en asuntos políticos. Incluso en las filas revolucionarias había hombres que se aferraban a las ideas feudales de la inferioridad de la mujer y se horrorizaban ante la idea de una revolucionaria fuerte. Desde entonces en adelante Chiang tuvo que luchar para ser reconocida como líder por derecho propio. Corrían chismes sobre ella. A menudo, cuando los enemigos de Mao querían atacarlo pero tenían miedo de hacerlo abiertamente, comenzaban algún rumor sobre Chiang.


En 1949, el proletariado revolucionario liberó a China y las masas comenzaron construir una nueva sociedad. Era una sociedad socialista con la meta de eliminar toda la opresión y la desigualdad. Una sociedad que movilizó a millones para transformar todas las esferas, ya sea económica, política, filosófica o cultural. Y con la transformación radical de toda la sociedad, la lucha por la liberación de la mujer también avanzó.


Por primera vez, las mujeres de China tenían derechos iguales. El gobierno prohibió la brutal práctica de los casamientos arreglados a la fuerza y le dio a la mujer derecho a divorciarse. Prohibió tratar a las esposas como esclavas domésticas y animó a las mujeres a tomar la iniciativa y unirse a la lucha por construir una nueva sociedad. Fue un movimiento radicalísimo que jaló a la dirección revolucionaria a muchas mujeres y destacó a Chiang Ching como una gran líder revolucionaria.


TOMANDO POR ASALTO A LAS MOMIAS CULTURALES
"En el mundo actual, toda cultura, todo arte y literatura pertenecen a una línea política determinada. No existe, en realidad, arte por el arte, ni arte que está por encima de las clases, ni arte que se desarrolle al margen de la política o sea independiente de ella".


Mao Tsetung, 1942


Intervenciones en el foro de Yenán sobre Arte y Literatura


En la década de los 60, Chiang Ching pasó largos períodos en Shanghai, recuperándose de graves problemas de salud. En ese tiempo asistió al teatro, al cine y otras presentaciones artísticas. Lo que descubrió le chocó y preocupó. Muchas de las obras culturales que vio contradecían directamente las metas de la sociedad socialista. Encontró que prosperaba un "teatro de los muertos": una cultura que promovía las viejas ideas, prácticas y costumbres de las clases explotadoras. Una esfera dominada por conservadores opuestos a la eliminación del privilegio y la desigualdad.


Una de las características de la sociedad socialista es que todavía hay clases y lucha de clases. ¿Seguiría China por el camino socialista o la arrastrarían de vuelta al capitalismo? Las viejas ideas y prácticas persistían: sin un buen empujón no caerían. Y dentro del partido muchos dirigentes actuaban como guardianes del privilegio en vez de líderes de la rebelión contra lo antiguo. Esas eran las fuerzas que Chiang Ching encontró guiando el trabajo cultural del partido. Informó:


"En nuestras óperas reinan emperadores, reyes, generales, cortesanos, letrados y beldades, y para colmo espíritus y monstruos.... En nuestro país hay más de 600 millones de trabajadores, campesinos y soldados, pero apenas un puñado de terratenientes, campesinos ricos, contrarrevolucionarios, elementos malos, derechistas y burgueses. ¿Serviremos a este puñado o a los 600 millones? Los cereales que comemos los cultivan campesinos, la ropa que nos ponemos y las casas en que vivimos las hacen los trabajadores, y el Ejército Popular de Liberación hace guardia en los frentes de defensa nacional. Sin embargo no los representamos en la ópera. Artistas, permítanme preguntarles ¿cuál es su posición de clase? ¿Y dónde está la `conciencia' de artista de que siempre hablan?"


Chiang Ching le dio voz a una nueva generación de artistas y público que hacían urgentes demandas. La sociedad estaba cambiando y ellos querían teatro, ballet, música y otras formas artísticas que tomaran en cuenta esa nueva conciencia. Querían obras culturales que denunciaran la vieja sociedad que lucharon tan duro por tumbar. Y querían una cultura que apoyara e impulsara la continua lucha para transformar radicalmente a la sociedad, y no obstaculizarla. Chiang Ching estaba de acuerdo y tomó la delantera para desarrollar una nueva cultura revolucionaria, que las masas adoptaron ampliamente.


De Pekín a Shanghai trastornó la rutina tradicional y se ganó el odio de las fuerzas conservadoras que dirigían el trabajo cultural del partido. Chiang Ching había pasado la década de los 50 investigando y estudiando la esfera del arte y literatura, así que para la década del 60 estaba lista para trabar lucha con los revisionistas como Chou Yang, el ministro de Cultura, quien se oponía tenazmente a representar óperas con temas revolucionarios. Chiang dirigió y desató esa lucha. Habló con artistas, actores y músicos, animándolos a aplicar la línea de Mao sobre el arte y la literatura. Sin consultar con las autoridades respectivas, entró en los teatros y compañías de ballet, y habló directamente con los artistas. Los alentó a criticar el "arte burgués" y a los dirigentes del partido que lo promovieran. En el Teatro Chino de Opera de Pekín, el Teatro de Shanghai de Opera de Pekín, en las academias de ballet de Pekín y de Shanghai, y en muchas partes animó a talentosos artistas jóvenes a oponerse a los anticuados líderes conservadores y crear nuevas obras.


Muchas veces Chiang Ching tuvo que "ir contra la corriente". Los enemigos de la revolución saboteaban su trabajo y la atacaban y calumniaban. Y hubo veces cuando ella y los demás camaradas que seguían la línea de Mao estaban claramente en la minoría. Pero Chiang Ching tenía mucha fe en las masas y contó con ellas para librar la lucha para una nueva cultura revolucionaria. Fue la primera en proponer la "combinación de tres en uno", como método para crear buenas obras modernas. La idea era combinar en grupos directivos cuadros del partido, dramaturgos y masas. Los cuadros proponían un tema; los dramaturgos lo estudiaban, hacían investigación en el seno del pueblo y escribían un drama. Después las masas, que conocían el tema porque lo vivían, discutían la obra y daban su opinión. Así se desarrollaron las obras modelo como el famoso "Destacamento femenino rojo". Finalmente las representaban no solo las grandes compañías profesionales sino toda clase de grupos pequeños de las ciudades y el campo. Más tarde usarían el método de "tres en uno" como modelo para el Comité Revolucionario: la nueva forma de organización directiva desarrollada durante la Revolución Cultural.


OPERA REVOLUCIONARIA DE PEKIN
Chiang Ching es mejor conocida como creadora de la nueva Opera revolucionaria de Pekín. Fue una de las primeras victorias de la Revolución Cultural: la primera salva de una lucha que opuso los partidarios de Mao a los "seguidores del camino capitalista" del partido. Había muchísimo en juego en esa batalla. Chiang Ching sabía que si los enemigos de Mao podían controlar la propaganda y cultura tendrían mucho poder para promover sus ideas. Si los revolucionarios permitían que "emperadores y príncipes" dominaran en la esfera cultural, eso pronto infectaría la estructura social y económica de la sociedad socialista.


La Ópera de Pekín tenía raíces en siglos de arte folclórico, pero era un producto del feudalismo y representaba a una clase privilegiada. Incluso en el socialismo esa forma de arte se resistía al cambio. Las óperas modelo conservaron muchos de los elementos artísticos de la ópera clásica, pero trataban temas políticos actualizados. Chiang Ching también encontró formas de darle más fuerza e impacto a la música tradicional. Agregó instrumentos occidentales, como instrumentos de viento, el timbal, el piano y el harpa. Así podían expresar mejor la variedad de emociones humanas. Y los principales personajes eran las masas y los héroes y heroínas de la revolución. Era un ejemplo de integrar el rico patrimonio cultural de la China en un nuevo arte socialista. Como dijo Mao en 1963: "Las óperas deben desarrollar lo nuevo a partir de lo antiguo; no lo antiguo de lo antiguo".


Los altos funcionarios del partido a cargo de la cultura trataron de bloquear las innovaciones de Chiang Ching. Rechazaron obras de trabajadores y campesinos jóvenes con el pretexto de que eran "inferiores desde un punto de vista técnico" o que los artistas eran "desconocidos". Les ponían obstáculos a las nuevas producciones o las saboteaban: los teatros estaban ocupados, no había lugar para ensayar, no les hacían publicidad. Y repetidas veces intentaron silenciar la dirección de Chiang Ching. Por ejemplo, en un festival de ópera del otoño de 1964 ella hizo un importante discurso sobre la revolución de la Opera de Pekín. Pero eso no se informó hasta tres años más tarde, en 1967.


DIRIGIENDO A LAS MASAS EN LA CREACION DE LA HISTORIA
La intensa lucha de la esfera cultural templó y adiestró a Chiang Ching para batallas más grandes. Quedaba por verse: ¿podría mantener el Poder el proletariado o se lo arrebatarían los dirigentes del partido que querían restaurar el capitalismo? Mao sabía que el problema no podía resolverse echando del partido a un puñado de enemigos; llamó a los millones de masas a lanzarse a la lucha. En ese levantamiento masivo, Chiang Ching se destacó como una gran dirigente.


Chiang Ching ayudó a dar lo que Mao llamí "la señal" para comenzar la Revolución Cultural. Bajo su dirección y la de Mao, se escribió una crítica de la obra: "A propósito de la pieza histórica titulada La destitución de Jai Rui", que era un ataque poco disimulado contra la revolución. Ese artículo fue el toque de clarín que llamó a las masas a denunciar y a botar a los seguidores del camino capitalista dentro del partido. Chiang Ching también dirigió la publicación de la Circular del 16 de Mayo, la importantísima declaración de principios que detalló las metas y métodos de la Revolución Cultural.


El 25 de mayo de 1966 unos estudiantes pusieron en una pared de la Universidad de Pekín lo que Mao llamaría el "primer cartelón de grandes caracteres marxista leninista". Era una crítica del presidente de la universidad y otras autoridades del partido. Mao los apoyó y pidió que el texto se radiodifundiera y publicara en los periódicos. En la Universidad de Pekín pronto estalló una lucha popular que se regó a otras universidades. Chiang Ching reconoció la importancia del levantamiento y decidió viajar a la Universidad de Pekín. Quería hablar con los estudiantes e investigar la situación de primera mano. Encontró que los "equipos de trabajo" que el partido había mandado a Pekín para "guiar" la lucha en realidad pretendían sofocar y desviar a los estudiantes rebeldes.


Chiang Ching se identificó con los estudiantes y tenía enorme prestigio entre ellos. Cuando se formaron los primeros Guardias Rojos ella los defendió y los alentó. Cuando fue nombrada directora auxiliar del grupo central a cargo de la Revolución Cultural, asistió a siete de los ocho mítines de los Guardias Rojos celebrados en Pekín. Más tarde, empezó a cobrar influencia entre los estudiantes una línea ultraizquierdista que incitaba a la violencia para resolver las diferencias en el seno del pueblo. Cabía el peligro de que saboteara la línea de Mao, así que Chiang Ching se zambulló a combatirla. Le dijo a los estudiantes: "No golpeen a otros. La lucha física solo afecta la carne y los huesos; la lucha de razonamiento afecta el corazón".


Chiang Ching también ayudó y apoyó a los trabajadores que se levantaron contra los "seguidores del camino capitalista" en posiciones de autoridad en sus fábricas. En diciembre de 1966, animó a los trabajadores de la Federación Sindical a levantarse y realizar una de las primeras tomas del Poder.


A medida que la Revolución Cultural cobró impulso, los derechistas del partido siguieron oponiéndose a los cambios revolucionarios que se estaban forjando en las esferas de la economía, salud pública, educación y cultura. Chiang Ching nunca se cansó de movilizar a las masas para impedir que los reaccionarios volvieran a poner al mando a los "expertos" y minaran los métodos socialistas. Y cuando Deng Xiaoping y tipos de esa calaña dijeron que China debía abrir sus puertas al capitalismo occidental, Chiang Ching y otros camaradas revolucionarios los denunciaron e hicieron ver que era un plan para vender el país.


Mientras dirigía la Revolución Cultural, Chiang Ching continuó jugando un papel importante en la lucha por desarrollar una cultura revolucionaria. En noviembre de 1966, como asesora cultural del Ejército Popular de Liberación, llamó a los soldados a empuñar pluma, pintura, batuta y cámara y unirse a la lucha por desarrollar arte al servicio del pueblo.


En 1976, cuando los enemigos de Mao revoloteaban a su alrededor, preparándose para un golpe militar, Chiang Ching, Chang Chun-chiao y otros tomaron últimas medidas para impedirlo y salvar la revolución.


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En octubre de 1976, poco después de la muerte de Mao, los reaccionarios seguidores del camino capitalista dieron el golpe que se les había impedido dar por 10 años. Arrestaron a Chiang Ching y en 1981 la enjuiciaron por su papel en la Revolución Cultural. La sentenciaron a la pena de muerte. Pero los nuevos emperadores de China tenían miedo de que su ejecución prendiera una rebelión, y más tarde cambiaron la sentencia a cadena perpetua.


A pesar de que estaba presa, su optimismo revolucionario y espíritu de rebelión trascendió los muros de la censura y mentiras. Durante una década siguió denunciando al gobierno de Deng Xiaoping y nunca abandonó su posición de que "¡se justifica la rebelión contra los reaccionarios!" Poco antes de su muerte salieron informes de que al leer los periódicos, ella acusaba: "Esta no es la línea revolucionaria del Presidente Mao".


Ahora que Chiang Ching está muerta, los opresores siguen calumniándola y mintiendo sobre su vida. Saben lo que significa para los oprimidos tener una dirigente como ella. Saben que las lecciones de su vida son un arma poderosa para todos los que quieren tumbar el sistema y construir una nueva sociedad.


Chiang Ching siempre mantuvo las miras en la meta de la revolución mundial, y su fe en las masas le dio la fuerza y optimismo revolucionarios que le permitieron seguir firme durante tiempos tumultuosos y peligrosos. Estaba dispuesta a perderlo todo para ganarlo todo. Y estaba dispuesta a morir. Por todo eso los defensores de la opresión odian a Chiang Ching y nunca pararán de mentir y engañar con fines de enterrar su legado. ¡Pero no se lo podemos permitir! El pueblo debe enseñar la verdadera historia de Chiang Ching. Debemos recordarla y sostener la causa revolucionaria por la que ella vivió y murió.